26 de agosto de 2011

Cuidado con el despegue

A veces, no siempre, hay que permitirse volar. No volar como cuando tu cabeza vuela en medio de clase, ni como cuando escuchas a alguien que no te interesa, ni como cuando te vas de vacaciones. Se trata de otro tipo de vuelo. Hablo de permitirte hacer algo mal y aún así saber que lo has hecho a propósito; y reírte de ello; y no culparte. Volar por encima de todos, a ras de suelo o haciendo círculos. Volar muy alto y después caer en picado. Mirarlo todo desde todos los puntos, en todos los colores y de todas las formas excepto la tuya. Aprovechar el vuelo, disfrutar del viento, de la lluvia en la cara y de no tener los pies en la tierra.

Y una vez que estés en pleno vuelo ser consciente de ello. Y volver a la vida terrestre con cosas que hasta entonces no conocías, gente nueva en el bolsillo y algo nuevo aprendido. Algo que tus ojos del día a día no hubieran sabido ver... Es la gracia de volar, sólo hay que tener cuidado de no tropezar en el despegue.

A veces, no siempre, hay que permitirse volar.

s.



8 de agosto de 2011

Como en el café o en la sopa

"El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir." Eduardo Galeano

17 de julio de 2011

Historias

Tengo ganas de irme, muchísimas ganas, me tiembla todo de la emoción sólo de pensar que en cuatro días estaré en el otro lado del charco, a donde siempre quise viajar. Y aún así es inevitable pensar en las historias que se quedan. Todas esas historias que no he podido terminar o aquellas que simplemente no me he atrevido a empezar, quizás por miedo a después no querer irme... todas ellas, duelen tanto como las personas que dejo aquí.

Suerte que el antídoto es sencillo, y es que cuando eres tú quien se marcha, es más fácil convertir cinco meses en cinco días. Sé que es egoísta, pero los antídotos nunca vinieron en botes para dos.

s.

12 de julio de 2011

Un señor ávaro multimillonario

En el momento en que aquel hombre pagó, todas las monedas que había entregado fueron destruidas de manera automática por una enorme y silenciosa máquina situada en el piso inferior. Pero eso nadie lo sabía. Los billetes, en cambio, se dividían en dos grupos. Los más pequeños, de 10 y 20 euros, se dirigían por medio de una red de tuberías de aluminio hacia una fábrica; allí se transformaban en tela de colores lista para confeccionar desde servilletas hasta trajes de corbata. Los del segundo grupo, desde 50 hasta 500 euros, eran transportados cuidadosamente por sherpas a través de una galería subterránea de túneles que recorría gran parte del territorio nacional. Los sherpas, claro, eran criados en el analfabetismo para evitar la tentación de robar tan suculento tesoro.

Esa crueldad sólo podía ser propia del multimuchimillonario dueño de tan complicada trama. Este personaje era un ser vil que esperaba cada día su ración de billetes grandes sentado en un trono fabricado a base de los materiales más caros del mercado. Con los billetes tan pronto empapelaba las paredes de su casa, como que le hacían las funciones de posavasos o de propina para el hombre que recibía a los huéspedes por él. Dando un paseo por su casa podríais hasta plantearos la posibilidad de que este individuo poseyera una máquina capaz de fabricar dinero. Algunas personas de sus círculos cercanos incluso afirman que los cimientos de aquella mansión están construidos a base de dinero rosa y amarillo, pero nada se sabe con seguridad. En realidad tampoco sé qué porcentaje de estos rumores serán ciertos y cuáles falsos, de lo único que estoy segura es de que este señor tenía una obsesión enfermiza con el dinero.

Todo esto surgió en una mañana tormentosa de lunes. El avaro rico, que estaba aburrido en su jacuzzi de agua con partículas de oro, se encaprichó con algo que sólo había en el exterior de su casa: gente con dinero propio, gente dispuesta a entregarlo a cambio de obtener beneficios. Y sólo si exprimía a esas personas podría seguir obteniendo dinero al ritmo que hasta entonces lo había hecho, así que decidió adquirir un negocio. Ese día fue el primero en que el señor avaro exigió que todos le llamasen Señor de Iberia, y desde entonces, miles de personas inocentes sufren las consecuencias de ello.

s.

4 de julio de 2011

Impresiones


Existen percepciones, sensaciones tan fuertes que por mucho que nos esforcemos, nuestro cerebro jamás va a poder descifrar en palabras, signos o imágenes. Y entonces nos planteamos dudas, como tontos, de si eso podrá ser bueno o no. Y nos olvidamos de que no todo lo que la razón puede descifrar es bueno, ni es bueno sólo lo que la razón puede descifrar. Menospreciamos lo que sentimos en nuestros propios huesos a cambio de un puñado de explicaciones creadas para la ocasión; pero cuando se nos hace imposible crear más excusas nos pensamos que vamos camino de la locura. Y no, vaya tontería. En fin, quizás por eso ahora mismo a mí no me han salido más que un montón de palabras inconexas. Pero hay que aprender a vivir con ello, y eso es lo bonito.

s.

23 de junio de 2011

A la hoguera con él


Es como si últimamente todo lo hiciese mal...
Y la única solución es escribirlo todo en un papel, echarlo en una hoguera y creer en brujas por una noche.
s.

Foto: Granada, abril 2011

18 de junio de 2011

Llorar de amabilidad y de amarillo


Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.

s.

14 de junio de 2011

Despertar


La calle venía anoche cargada de verano, se llevaba a la gente como si fuese la corriente de un río. Olía a calor y esa sensación de las noches en manga corta te llenaba de ganas de respirar hondo y parar el tiempo. En el suelo, los adoquines se sentían por debajo de las sandalias todavía calientes por el sol. El murmullo de la ciudad empujaba a los niños a jugar sin acordarse de que al día siguiente -hoy- había colegio. Tampoco los adultos se libraban del hechizo y, desde su silla de terraza, disfrutaban de su cerveza sin acordarse de que al día siguiente -hoy- había que trabajar. Mientras, a su alrededor, el color naranja de las farolas recién encendidas se mezclaba con el azul eléctrico del anochecer propio de la fecha. 

Ya pronto viene San Juan con el jolgorio de más y más gente por las calles, con los ojos titilantes por el fuego y las caras tirantes por el calor de las hogueras. Una muchacha le va diciendo a otra que este verano se irá a la playa con nosequién y, detrás, un grupo de estudiantes respira aliviado después de todo el día en la biblioteca. Ellos agradecen más que nadie que el verano haya llegado y aprovechan para saborear cada décima de segundo del camino que les lleva hasta su casa. También saben que mañana los espera otra ración de lo mismo pero prefieren no acordarse y así, involuntariamente, se unen a los niños que juegan y los adultos que beben...

La ciudad naranja se despierta de nuevo al llegar el verano.

Sara Riesco

Reflexiones #2

Procrastinación es empezar a ver un documental de economía que entra en examen y:

- en el minuto 10 estar mirando por segunda vez tu correo electrónico
- en el minuto 20 escribir un tweet sobre la misteriosa juventud eterna de Jordi Hurtado
- en el minuto 25 pintarte con Pilot negro el tatuaje que te harías si pudieses
- en el minuto 28 descubrir que, al contrario de lo que pensabas, aún quedan otros 10 minutos escondidos en una "Parte V" que no habías visto
- y terminar en el minuto 40 con los pies subidos en la silla -giratoria- dando vueltas en el medio de tu habitación

Procrastinación es, aunque no lo quieras, no enterarte de nada.

s.



*Añadido: minuto 42, aún queda otra "Parte VI"

12 de junio de 2011

Sueño(s)

Quisiera que mi voz fuera tan fuerte
que a veces retumbara en las montañas
y escuchárais las mentes social-adormecidas
las palabras de amor de mi garganta.
Manolo Chinato


Un fuerte golpe
que no viene de ninguna parte
y él
que dormía sin dormir estando despierto
se engancha con los sueños
se sacude como un perro recién salido del agua
y piensa
piensa con rabia
con tanta rabia que casi se oye
y piensa que no entiende por qué se tiene que sacudir
que ya está harto
que hoy va a encontrar la solución
y justo después
se da cuenta de que la única
LA única
solución es
seguir durmiendo dormido o despierto.
Y cómo jode tener que domir adrede
pero jode más tener que despertar sin quererlo.

Otra vez el fuerte golpe que despierta
no hay vecinos ni perro ni intrusos
sólo el sol entra por la ventana
y aún no ha sabido quitarse los sueños de encima
el sueño sí
hace tiempo que no puede cogerlo
pero los sueños no
hace tiempo que siguen ahí
colgando de los brazos
por la nuca
enrollados en las piernas
y se enredan
se enlazan
y se ríen en su cara
no se van.

Mejor sería que se fuesen
y vivir la vida rígida
sin nubes a las que subirse
sin golpes que despierten
o sueños que se cuelguen.
Ese golpe como una bofetada
como un coscorrón al levantarte
o un empujón en el barro
también vuelve
y él se da cuenta
se da cuenta de que antes vivía mejor
con la ropa seca y limpia
y sin sueños que arrastrar
los malditos sueños
siempre vuelven reptando.

Lo que no puede ver
es que los sueños no son los que vuelven
es él quien se abalanza
y los caza
y se cuelga
se los coloca en la nuca
para sentirlos frescos
húmedos
y vivos
porque a falta de otra cosa
sólo puede vivir de sueños.

Sara Riesco

10 de junio de 2011

Relato en segunda persona


La cama deshecha del día anterior y del anterior y del anterior, hasta los muebles te miran con ganas de salir corriendo y tú ya no sabes si tirarte de los pelos o del balcón. Quizás sea hora de buscar una salida. "¡Qué tontería!", piensas, "si la salida está ahí, al lado del baño" e inmediatamente después te odias a ti mismo por haber pensado algo tan sumamente absurdo; por eso y por no ser capaz ni de hablar contigo mismo de la triste situación en la que te encuentras.

Miras el reloj de la cocina, ves que son las dos de la tarde y piensas que desayunar a esas horas es de fracasados o de estudiantes y tú hace ya tiempo que dejaste de estudiar; este pensamiento te deja ensimismado, quizás como mecanismo de defensa o quizás como mecanismo de vaguería, para no tener que sentirte culpable.

El olor a tostadas y huevos quemados te hace volver en ti. Para cuando has conseguido limpiarlo todo ya son las dos y media y se te ha quitado el hambre. Decides ducharte y piensas que ya recogerás la pocilga que tienes por casa otro día; según te quitas la ropa te acuerdas de que hace dos semanas que te cortaron el gas por no poder pagar y el hecho de tener que ducharte con agua fría te pone aún de peor humor. En la ducha ya ni cantas, tu único fin es salir de ese chorro de agua helada antes de empezar a ponerte azul.

Es febrero, te pones cuatro capas de ropa que has encontrado tirada por tu habitación y decides salir a la calle aún con el pelo mojado. No sabes adónde vas ni por qué, sólo necesitabas salir de aquella ratonera un rato. Por la calle aún hay tiendas con luces de navidad, lo cual hace que sea aún más triste andar paseando de aquella guisa. De pronto ves que de frente viene tu casero, al que le debes ya dos meses, y decides cruzar la calle aprovechando que viene leyendo el periódico y aún no te ha visto.

El semáforo está en rojo, pero no vienen coches por la izquierda, así que cruzas hasta el centro. Tu casero te ha visto: o cruzas del todo ahora o pagas dos meses de alquiler a base de fregar platos en su restaurante. Y tú nunca has sido de trabajar. Por la derecha siguen viniendo coches, son dos carriles y es peligroso, pero tienes que cruzar. Cruzas. Una moto amarilla tiene que cambiarse al carril contrario para no atropellarte y un camión de reparto de cerveza da un frenazo tan brusco que, por el fuerte ruido, deduces que el coche de detrás ha empotrado en él todo su capó.

Pero has conseguido cruzar, por los pelos has salvado tu vida. Mientras pasas entre los coches aparcados miras para atrás y, durante una décima de segundo, ves que ya está yendo hacia ti junto con el encolerizado conductor del camión. Los nervios hacen que te olvides de subir el bordillo de la acera. Te tropiezas pero no te da tiempo a ver con qué.

Extrañamente, te levantas sin esfuerzo alguno y echas a correr. Unos metros más adelante miras para atrás y ves que tu casero y el señor del camión se han parado y ya no te siguen. Decides que ya has tenido tu ración diaria de incidentes y decides volver a casa aún con el pelo mojado y muerto de frío. Coges una manta y enciendes la tele. Son las tres, está el telediario y tú sales en él:

Un joven muere al tropezar con un bordillo y abrirse la cabeza tras provocar un accidente en cadena. Su casero afirma que vivía entre basura, acumulaba deudas y que era un poco extraño.

Por fin entiendes el por qué de tanto frío... y lo único que se te viene la cabeza es que al menos ya no tendrás que pagar más alquiler. Triste vida, la tuya.

Sara Riesco

9 de junio de 2011

Reflexiones

Siempre se habla del garbanzo que pudre el saco, pero ¿es que nadie piensa en el garbanzo que sigue sano cuando el saco está podrido? A nadie le interesa reconocerle el mérito ("Se le va a subir el éxito a la parte de arriba del garbanzo" diría la gente), es mucho más fácil cotillear sobre el malo ("¿Habéis visto a garbancito? Dicen que ya ha podrido ocho más como él y tres lentejas"). Y así nos va.

s.

6 de junio de 2011

Autopromesas cumplidas


Es interesante ver cómo cambias tus propias prioridades con el paso del tiempo. Y gratificante.
Sí, sobre todo es gratificante.
s.

Nuevo Ateneo

Foto: MásSalamanca, 6 de los 7 integrantes de Nuevo Ateneo

No hay nada más gratificante que poder sacar adelante algo así y que los medios se hagan eco de ello -a pesar de algún contra que nos ha generado la entrevista-:
http://www.massalamanca.es/entrevistas/3330-nuevo-ateneo-qllevan-diciendo-que-el-periodismo-se-esta-muriendo-desde-que-nacioq.html
Espero que el verano no vaya en nuestra contra y que esto que empieza el martes* siga durante mucho tiempo.

Sara Riesco.

*Encuentro con Ramón Lobo, periodista de El País.
Martes, 7 de junio de 2011 / 18:00 horas / Auditorio de la Facultad de Comunicación de la UPSA
Libre acceso hasta completar aforo.

5 de junio de 2011

La revolución de las personas

- Pssst.
- ...
- Oye, ¿estás despierto?
- ...mmm ¿qué?
- Que si estás despierto...
- ...ahora sí.











Sara Riesco

31 de mayo de 2011

Lo mejor que podemos hacer




"Lo mejor que podemos hacer es pegarnos un sello y echarnos en un buzón de correos" Will Smith