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18 de febrero de 2012

Hoy no sé qué título poner


Me he quedado solo, fumando un cigarro,
quizás he pensado nostalgia de ti
y desde esta curva donde estoy parado
me he sorprendido mirando a tu barrio
y me han atrapado luces de ciudad.

Sigo esperando que venga ese Tiempo que dicen que lo cura todo. Debe de tener un maletín gigante... de esos que los abres y no sabes qué sacar; en los que da miedo tocar algo; donde todo está ordenadito y parece muy frágil.

Porque otra cosa no, pero puntual y ordenado lo es un rato. Por algo se dice eso de "cada cosa a su tiempo", supongo... El caso es que no hay nada que más quiera en el mundo que sacar mi mochila, la de caminar. Caminante no hay camino. Entonces habrá que darle la mano al Tiempo y como él, arrastrar nuestro equipaje poco a poco y con paciencia... Y qué remedio, puede que la solución sea dejarnos guiar por los segundos... O quién si no se va a conocer mejor lo que queda por recorrer.

Señor Tiempo, sepa que mi mochila siempre está hecha. Por si las moscas.

s.

11 de diciembre de 2011

Segunda primavera


Es verdad, hace tiempo que empezó. Quedan sólo unos días para que empiece el verano, unas semanas para volver al frío helador de mi ciudad y el calor achicharrante de diciembre no me deja más que arrepentirme de no haber intentado que el tiempo pasara más despacio. Para celebrar mi segunda primavera de este año me he cambiado de barrio. A una casa más grande, más bonita, de colores, de poemas. Está en un barrio más santiaguino y por tanto más descascarillado. Pero también más de colores, como la casa.

Ayer al salir a comprar pasé por delante de un local cerrado, pero con las ventanas abiertas; de ellas colgaba un cartel de "se vende" y la música salsera salía volando a todo trapo. Hoy, domingo, mercadillo de productos frescos. Los niños juegan en la calle al balón y en la esquina de enfrente de mi casa una familia peruana vende el mejor pollo asado que he probado en mi vida. Un señor con un carrito vende jugos helados recién hechos a la salida del metro. Otro señor con una bicicleta reparte bombonas de gas. Lo llaman el barrio universitario, aunque de universitario parece que tiene poco. La fiesta. Y ya. Por la noche falta alguna luz por las calles y a veces el silencio asusta.

Pero aún así no hago más que preguntarme dónde he estado viviendo desde hace cinco meses. Aquello no era Santiago, esto sí.

s.